Ya en 1984, la Declaración de Manila de la OMT manifestaba que: “Los recursos turísticos de que disponen los países están constituidos por espacios, bienes y valores. Se trata de recursos que no pueden utilizarse sin control, sin correr el riesgo de su degradación o incluso de su destrucción. La satisfacción de las necesidades del turismo no debe constituir una amenaza para los intereses sociales y económicos de las poblaciones de las regiones turísticas, para el medio ambiente –especialmente los recursos naturales- ni para los lugares históricos y culturales”.
El turismo “de sol y playa”, como una de las manifestaciones del turismo de masas, utiliza como recurso la belleza escénica de paisajes de zonas templadas en verano, y de zonas tropicales todo el año. De ese modo el Caribe se transformó en un destino típico que reúne estas características. La exportación de su paisaje, conformado por una serie de ecosistemas mínimamente alterados, enmarcados en un clima agradable y con una población abierta a los visitantes, se convirtió en una estrategia de crecimiento económico (a veces podríamos decir, de desarrollo) para varios países de la región.
En el caso de México, en la década de 1970, se dio un proceso de redescubrimiento – explotación de la región sudeste. En el Estado de Quintana-Roo, al sur de la Península de Yucatán, se llevaron adelante proyectos petroleros, ganaderos, forestales y pesqueros que, a la postre, demostraron no constituir herramientas para el desarrollo regional. De ahí la opción por la “industria sin chimeneas”. Por su parte Belice, al norte de América Central, pasó de ser de un país netamente exportador de materias primas a una economía cuyo primer renglón es el turismo. Quintana-Roo y Belice constituyen entonces dos territorios del Caribe continental donde se ha fomentado el turismo. ¿Qué similitudes y diferencias presentan ambos casos? ¿Qué lecciones podemos extraer para el logro de la meta de un turismo sustentable?
La creación de Cancún y el fortalecimiento del turismo en Cozumel e Isla Mujeres son dos rasgos típicos del estilo de desarrollo impuesto en Quintana-Roo. El mismo resultó ser no equilibrado, generando un proceso de polarización territorial y social, donde se contrasta de manera evidente la opulencia con la pobreza. La desaparición de los “ejidos” o tierras comunales cultivadas por los campesinos de la etnia maya – Primeros Pueblos de esa región – y la de los poblados de pescadores de la zona costera, a manos de la especulación inmobiliaria, significaron un impacto social negativo. Se considera incluso que la población maya está sufriendo un severo proceso de aculturación. Por otra parte, las transformaciones del paisaje realizadas para acondicionarlo para el turismo masivo significaron una degradación y –en algunos casos- una desaparición del mismo: relleno de manglares, excavaciones profundas, canalización de lagunas, destrucción de áreas verdes.
Por su parte Belice (ex–British Honduras) comienza con la actividad del turismo de manera espontánea, a partir de una iniciativa de las poblaciones locales, que vieron en esta nueva actividad una alternativa a sumar a la de la pesca, como en el caso de la localidad de San Pedro, en los ’70, que fue el primer foto turístico del país. Tras las dificultades para conformarse como país independiente, Belice lograr superar la situación de una economía de enclave forestal y producción de frutas, proceso en el cual el turismo ha jugado un papel relevante. El ecoturismo, el turismo aventura y el turismo cultural fueron las estrategias de desarrollo que adoptaron diferentes localidades. Estas modalidades de turismo alternativo han hecho posible que el impacto ambiental sea mínimo.
A pesar de las similitudes paisajísticas y del hecho que en ambos casos el flujo de turistas es predominantemente extranjero y que ambas producen dividendos económicos, podemos decir que estamos frente a dos modelos diferentes de turismo. El de Cancún y zonas aledañas ha adoptado el “estilo Miami”, vale decir de urbanización extrema, con lo cual el paisaje original queda borrado. Ello acompañado de la señalada polarización social. El de Belice, en cambio, se aproxima más a la sustentabilidad, por los tipos de turismo que se practican y porque dicha actividad convive con otras alternativas productivas.
Adaptado de: ARNAIZ Stella Maris, 1996. Estudios y Perspectivas en Turismo Vol. 5: 147-163.